Luz suave, madera clara y límites casi invisibles. Así se transformó un salón-comedor de planta abierta, construido en 2003, en un refugio sereno pensado para bajar el ritmo.
Yin, una profesional china que trabaja en Barcelona, buscaba algo muy concreto. Un hogar que no compitiera con su día a día. “Necesitaba que el salón me calmara nada más entrar. Aquí leo, trabajo y desconecto. Y quería que todo se sintiera ligero”, cuenta.

DESPUÉS: Un único ambiente, pero con “capas”. La madera y la luz delimitan sin cerrar.
Antes de la reforma, el espacio cumplía con lo típico de muchos pisos de principios de los 2000. Cocina con barra, comedor y estar compartiendo la misma escena. Dominaban los tonos oscuros. El mobiliario era voluminoso. Y las cortinas, muy protagonistas, filtraban la luz de forma pesada.

ANTES: Cocina, comedor y salón convivían sin jerarquía. Maderas oscuras, piezas grandes y una atmósfera más densa.
Abrir sin perder intimidad
El objetivo no era compartimentar. Era ordenar. Para conseguirlo, la reforma trabaja con tres gestos que se leen casi sin darse cuenta.
El primero es la paleta clara. Paredes en crema, acabados mate y una continuidad visual que hace que el perímetro “desaparezca”. El segundo es la madera en tono roble, que aporta calidez sin oscurecer. El tercero es la geometría blanda. Curvas, asimetrías y encuentros redondeados que suavizan la transición entre zonas.
“Quería que se notara el paso del día. Que por la mañana todo fuera abierto. Y por la noche, más recogido”, explica Yin.

ANTES: Cocina, comedor y salón convivían sin jerarquía. Maderas oscuras, piezas grandes y una atmósfera más densa.

DESPUÉS: La entrada se enmarca con una curva. El espacio respira, pero ya no es indefinido.
Particiones que no interrumpen
La clave está en las separaciones sutiles. Un divisor de suelo a techo en madera marca el comedor. Una tarima eleva esa zona unos centímetros, lo justo para cambiar la percepción. Y una serie de planos verticales acompaña el estar, creando privacidad sin bloquear la luz natural.
Nada se siente rígido. Todo parece colocado “con intención”, pero sin esfuerzo. Esa es la lógica Wabi-Sabi aplicada al día a día. Menos piezas. Más textura. Y una calma que no depende del vacío, sino del equilibrio.

ANTES: El comedor quedaba pegado al ventanal. La escena era más formal y menos flexible.
La pared de la tele, convertida en arquitectura
n lugar de un mueble independiente, la televisión se integra en una pieza a toda altura que funciona como ancla del salón. Para lograr una textura con profundidad que la pintura no podía ofrecer, se utilizaron paneles laminados específicos traídos desde Asia en colaboración con Revestimientos Pared.
El diseño reduce el ruido visual: superficies lisas, juntas discretas y detalles mínimos. La iluminación, en capas, termina de hacer el resto. "Es cuando más disfruto. Se vuelve íntimo, como un pequeño retiro", dice Yin.


DESPUÉS: La pared de TV unifica el salón. La madera clara y la luz indirecta cambian el tono del espacio.
Los datos más relevantes
Ubicación: Diagonal Mar, Barcelona.
Año del edificio: 2003.
Encargo: actualizar el salón-comedor para una vida diaria de lectura, trabajo y descanso.
Idea: Wabi-Sabi contemporáneo, con límites suaves y materiales naturales.
Créditos:
- Proyecto creativo y diseño: MainDesignStudio.
- Revestimientos de madera y pared (selección y suministro): Revestimientos Pared.
- Por Yingming Zheng.
Leer más

Una reforma serena en una vivienda de 2003 en Sanchinarro: líneas limpias, luz suave y materiales cálidos. Un antes y después donde la estética Japandi se adapta a una forma real de cocinar.

Un stand pequeño para feria puede destacar sin saturar: un frontal de listones con iluminación perimetral y paneles acústicos decorativos para mejorar la conversación en un pabellón ruidoso. Así se...
